historia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

LA SANTA VERA CRUZ DE BILBAO

 

 

LAS COFRADÍAS

 

El origen de las Cofradías se remonta en ocasiones hasta la Edad Media, siendo estas la primera forma de asociación con unos fines sociales y espirituales, cuyo funcionamiento se determinaba y regulaba con los correspondientes estatutos o capitulaciones. Generalmente se ha aceptado y comprobado que las organizaciones económico sociales del trabajo de aquella época (gremios) derivaron en no pocas ocasiones en cofradías, aunque a veces no resulte tan fácil establecer diferencias entre las primeras y las segundas. Sus objetivos no eran tanto religiosos como asistenciales entre sus propios miembros. Vinieron a cubrir las necesidades sociales de las que siglos después se encargaría el estado. De cualquier manera, el espíritu de asociación que caracteriza el corporativismo medieval, fue impulsado por la Iglesia, manifestándose el doble carácter complementario de los fines que perseguían las cofradías: el fin social, ejercicio de la caridad, y el fin espiritual, obras de penitencia. Disponían las cofradías de un Santo Patrono, o también estaban dedicadas a algún misterio de fe, o alguna advocación Mariana; también tenían sus capillas, bien en el interior de los templos o adosadas a estos, cuando no ocupaban el altar principal de la iglesia parroquial. En ocasiones las cofradías fundaban hospitales para asistencia de enfermos, ancianos o peregrinos.

La Vera Cruz –más de 450 en todo el mundo- se asocia casi con toda seguridad a los Franciscanos, probablemente por la devoción que tenían a Cristo Crucificado. Su fundador, San Francisco de Asís, tuvo locuciones de Crucificado en la capilla de San Damián. En los últimos años de su vida recibió los estigmas de la Pasión. También por el mero hecho de ser los Franciscanos los custodios de los Santos lugares, esta orden influyó definitivamente en el nacimiento de numerosas Cofradías Penitenciales, principalmente de la Vera Cruz

El 28 de Mayo de 1543, el Superior General de la Orden Franciscana, Fray Juan Calvo, por una cédula dada en Logroño, extendía a todos los cofrades de estas Hermandades de la Vera Cruz, así hombres como mujeres, el participar en todos los bienes espirituales y méritos que consiguieran por las buenas obras que hiciese toda la orden Franciscana. Desde entonces ya, hasta hoy, los cofrades de la Vera Cruz se sujetarían la túnica con el

cordón de San Francisco.

Aparecen durante el siglo XVI los primeros reglamentos de las cofradías. El cristianismo medieval tiene muy desarrollada la conciencia del pecado y su sentimiento de culpabilidad le lleva a las prácticas penitenciales. En Italia, durante los siglos XIII, XIV y XV, fraternidades de penitentes voluntarios, se entregan a la caridad en determinadas fechas del año y a la penitencia pública.

La flagelación o la disciplina como penitencia es muy antigua, pero se reducía a su práctica en los monasterios. Es a partir del siglo XIII, cuando los frailes mendicantes, especialmente los Dominicos y Franciscanos, la extienden al pueble Cristiano que las practicaba públicamente, dentro de una organización bajo la dirección espiritual de una determinada orden religiosa.

Dedicadas exclusivamente al culto católico, las Cofradías alcanzan su apogeo en el siglo XVIII. Las mas antiguas surgen de los Monasterios, al asociarse a la vida piadosa conventual elementos laicos en calidad de cofrades. En muchos de estos monasterios, las Cofradías ayudaron al cuidado de los peregrinos de Compostela.

 

 

LAS COFRADÍAS EN BILBAO

 

Son muchas las Cofradías religiosas que han existido en Bilbao a lo largo de los últimos siglos. La mayoría de ellas estaría vinculada a una organización gremial, sistema que en Bilbao alcanzó gran implantación e importancia. Las cofradías gremiales atendían a la situación de la viuda del artesano, a las necesidades médicas de sus miembros, a sus funerales y a su entierro. Siempre bajo la advocación de un santo patrono no dejaban de tener un sentido religioso y piadoso. En la Villa fueron muy numerosas e influyentes.

 

Consta que, en el año 1595 existían en Bilbao las siguientes:

-        Cofradía del Santísimo Sacramento, fundada en San Antón, de la que se dice que “es muy antigua”.

-        Cofradía de Nuestra Sra. de Begoña, instalada en Santiago. “Ha muchos años que se instituyó”.

-        Cofradía de Nuestra Sra. de la Misericordia,  fundada en Santiago en beneficio de los pobres y para darles sepultura.

-        Cofradía de Nuestra Sra. de la Piedad, también de Santiago, la mas antigua de todas, de la que hay datos que se remontan a 1302.

-        Cofradía de la Madre de Dios de la Concepción, de Santiago. “Se instituyó por la misericordia que nuestro Sr. hussó con la dha villa en que por medio de la Virgen cesase a ocho de diciembre vna peste general que corría en dha villa el anno de mill y quinientos y veinte así se tiene mucha devoción a ella”.

-        Cofradía de Santiago, de la misma iglesia, a la que pertenecían los caballeros de la Orden de Santiago. “Es antiquísima y tiene muchos privilegios de los señores Reyes Católicos”.

-        Cofradía de San Miguel y demás Ángeles del Cielo, en Santiago. “Tiene muchas indulgencias y gracias concedidas por la sede apostólica”.

-        Cofradía de La Vera Cruz, en la iglesia de los Santos Juanes. “Es antiquísima y de las primeras que se fundaron en esta villa”.

-        Cofradía de los Santos Mártires Fabián y Sebastián, en Santiago.

-        Cofradía de los Santos Juan Bautista y Evangelista, en los Santos Juanes.

-        Cofradía de San Antonio Abad, en la parroquia de su título.

-        Cofradía de la Vera Cruz, en Santiago.

-        Cofradía de San Nicolás, en la parroquia de su advocación.

-        Cofradía de San Lázaro, en la misma parroquia

-        Cofradía de San Crispín y San Crispiniano, en la misma iglesia.

Además de la Cofradía de Nuestra Sra. de Begoña con sede en la anteiglesia.

 

No podemos distinguir de entre las dieciséis cuales tenían finalidad asociativa-laboral o no, aunque a todas las movían motivos piadosos. Así sabemos que la Cofradía de los Santos Crispín y Crispiniano fue fundada en 1578 por los Maestros de Obra Prima y Zurradores que desarrollaban su actividad en la zona portuaria del Arenal y que la de San Antonio Abad estaba integrada por los traperos de la calle Tendería. Lo único que está documentado en los archivos que hemos podido estudiar es que tan solo a una de las cofradías se le aplica el calificativo de “disciplinante”. A la de la Santa Vera Cruz de los Sres. Santosjuanes

 

En 1803, el Consejo de Castilla rechazaba la petición de los bilbaínos de que se aprobasen los estatutos de sus Cofradías y ordenaba que solo existiese una. Muchas desaparecen con la desamortización de Mendizábal. Para medir el impacto social que tienen las Cofradías y la celebración de la Semana Santa, hay que recordar que asistía en cuerpo de corporación el Concejo, a la provisión del día de la Candelaria y durante la cuaresma con gran pompa a los sermones de Santiago y a la procesión del Jueves de la Cena, esta encomendada a la Cofradía de la Vera Cruz de los Santos Juanes. Regían los cofrades esta provisión por sus Mayordomos: marchaban en ella los que se ofrecían como disciplinantes penitentes, en dos filas, y en medio un mancebo de la Cofradía conducía a los hombros una pesada cruz, soportada a turno por los 20 cofrades mas jóvenes y vigorosos; a continuación seguía el paso del Prendimiento y una figuración de Cristo con la Cruz, Él y dos pregoneros al frente, uno tirando de la cuerda de esparto liada al cuello del cofrade que haría de Jesús y otro tañendo una corneta. La procesión se adelantaba por la plaza abajo, seguía la calle de la Tendería y se detenía en Santiago. Después proseguía atravesando el portal de la plazuela de los caminos nuevos del Arenal (Correo) y, detenida un punto en San Nicolás, continuaba por la Ribera a la Iglesia de San Antón y los Juanes.

Tampoco hay que olvidar que en el siglo XVIII, el Concejo todavía mantenía el patronazgo de las Iglesias parroquiales. Las obligaciones del Concejo y su intervención continuada en los asuntos del Cabildo, llevó a la ruina a contrapiedades, debates, pleitos y contiendas, ya desde el siglo XVI. Durante el siglo XVII, son constantes los pleitos de las Cofradías establecidas en la Villa y contra el Diocesano, en el debate en razón de la torre de los Santos Juanes, en la cuestión de la llave de los sagrarios, y constantes también las contiendas de preeminencias sobre la elección de predicadores, en razón de exequias, asientos del presbítero, nombramientos y otras obligaciones que competen al Concejo por sus ordenanzas y jurisdicción.

 

 

LA SANTA VERA CRUZ DE BILBAO

 

Durante el primer tercio del siglo XVI, la Villa de Bilbao había sufrido importantes transformaciones consecuencia de su pujante economía, arrastrada por el comercio de la lana, la actividad del puerto, la multiplicación de las exportaciones, la construcción naval y la naciente industria del hierro. La población se había extendido hacia los arenales río abajo, y se habían edificado algunas construcciones fuera de las antiguas murallas de la Villa. En el barrio de Mirivilla, la orden Franciscana había construido un imponente convento, y los hermanos Franciscanos dejaban sentir su influencia en la vida cotidiana. Bilbao carecía entonces de cualquier infraestructura hospitalaria organizada, como cualquier pequeña ciudad de la época, por lo que era especialmente sensible a los problemas sanitarios.

Se sabe que desde tiempo antes de su constitución oficial, hermanos cofrades orientados por los frailes Franciscanos, utilizaban sus recursos y su tiempo en atender a las víctimas de las frecuentes epidemias y enfermedades de la época, con la sola retribución de ver satisfecha su piedad y su sentido de la caridad.

En el año 1530 una epidemia de la peste negra dejó diezmada a la población. Los problemas sanitarios se agravaron por causa de las graves inundaciones que asolaron Bilbao el día 14 de Septiembre de 1553, cuando sus habitantes aún no se habían recuperado.

El Concejo construyó un pequeño y modesto hospital en los terrenos que había ganado la villa a espaldas de San Antón al derribarse parte de la muralla y trazarse la calle de La Ronda, en el barrio de Ibeni. A él adosado se construyó una austera iglesia consagrada a los Santos Juanes.

En el servicio de la atención a los enfermos del hospital, bajo la advocación de los Santos Juanes en el nuevo templo y con la influencia espiritual de los Hnos. Franciscanos, se fundó la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Bilbao en el año de gracia de 1553.

 

Bilbao, en 1544. según la Civitates Orbis Terrarum

A la derecha, la Iglesia de los Santos Juanes y el Hospital

 

Como cuenta Teófilo Guiard, la primera noticia que se tiene de la Cofradía es del 1553 y su primera manifestación de vida, según consta en los Archivos Municipales de Bilbao, es el acuerdo de la celebración, con carácter “in perpetuum” de una misa todos los viernes del año a costa de la Vera Cruz, en su altar propio, el situado en el lado del Evangelio de la iglesia de los Sres. Santosjuanes, donde está el Santo Crucifijo con su retablo.

La primera misa data del 14 de septiembre de 1553, fecha “que fue del diluvio” por lo que debió llover y celebración de la Exaltación de la Cruz.

Las ordenanzas fueron redactadas en la sacristía de la Iglesia de Santiago, el día 2 de abril de 1554, según acta levantada al efecto por el Notario de sus Majestades Imperiales, Juan Martínez.. Ante la presencia del Cabildo compuesto por quince sacerdotes, presidido por su Abad D. Diego Lezámiz y de los miembros del Regimiento (Ayuntamiento) de Bilbao,  los Mayordomos D. Juan de Izarra, D. Juan de Eguía y D. Francisco de Goiti, presentaron las Ordenanzas, que refrendadas por aquella notable Asamblea, convirtieron a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Bilbao en una corporación de fieles amparada por la Iglesia y protegida por el Municipio para dar culto piadoso “a la santa y saludable memoria de nuestra Redención y a los dolores de la soberana Reina de los hombres y de los Ángeles”, como así reza.

Aunque la documentación que acredita la constitución canónica de la Cofradía se perdió en uno de los innumerables “aguadutxus” que soportó la Villa, probablemente en el ocurrido en 1593, nadie duda de que los primitivos Mayordomos, personas notables de Bilbao, y especialmente atentos al cumplimiento de las formalidades legales y canónicas, tuvieron el cuidado de haberlo hecho con anterioridad a la ceremonia que se ha descrito

 

 

Así, las procesiones de la Semana Santa Bilbaína tienen su origen en la primitiva iglesia del barrio de Ibeni, situada en las inmediaciones de la actual escuela de maestría industrial en Achuri, hoy plaza de los Santos Juanes, empezando a organizarse los desfiles procesionales en el año 1554 por medio de la Cofradía de la Vera Cruz. Siguiendo la vieja tradición, las procesiones generales han continuado saliendo de la Parroquia de San Antón hasta el año 2005, en el que por imposición del departamento de tráfico del Ayuntamiento ha habido que modificar esta antigua costumbre.

 

Existió otra Cofradía con el mismo nombre en la hoy catedral de Santiago. Esta tenía carácter gremial, puesto que fue fundada por los comerciantes de la calle Tendería, aunque no se descartaba la participación de gentes de otros estamentos. Mas tarde esta Cofradía se llamará del Santo Cristo.

 

La Cofradía, como se ha explicado, mantuvo desde su fundación una relación especial con los organismos municipales de la Villa de Bilbao. Desde sus inicios, estuvo estrechamente unida tanto a las instituciones de carácter eclesiástico, representadas por el Cabildo bilbaino como con las de carácter civil, a cuya cabeza debe de hacerse constar al Concejo de la Villa. Esta relación estrecha, íntima, que se ha mantenido constante hasta nuestros días, hace que a lo largo del tiempo, siglo tras siglo, existan referencias documentadas de la participación de la vida municipal en los actos religiosos promovidos y organizados por la Cofradía. De ahí nace que el Ayuntamiento de Bilbao la apadrinara desde antiguo y que los propios estatutos de la Vera Cruz recojan con orgullo el apadrinamiento.

Las referencias a la Cofradía en las sesiones municipales son constantes a lo largo de los siglos, como en una celebrada en 1683 en la que el Ayuntamiento de Bilbao se planteó cierta cuestión en el siguiente párrafo: “…en el Ospital de los Sres. San Juanes se hagan dos nichos para guardar los bultos procesionales…”, consecuencia del viejo apadrinamiento del Concejo, o Regimiento, o Ayuntamiento de la Villa sobre la Cofradía de la Vera Cruz y de la atención a sus procesiones

 

Esta doble vertiente eclesiástica-civil, no siempre ha tenido consecuencias ventajosas para la Cofradía.

Transcribo de un escrito firmado por el Hno. Sacerdote Francisco de Elorduy, en 1954.

 Todas aquellas cofradías, nacidas a impulso de una fe vigorosamente arraigada, así en el vecindario como en sus Autoridades locales, tuvieron en estas no solo unos poderosos valedores e impulsores decididos sino también, frecuentemente, unos extralimitados fundadores. Ello era debido a que el Concejo, patrono de las iglesias, extendía su celo no solo atendiendo al cuidado de sus edificios mas también al nombramiento de maniobreros, o mayordomos, que rigiesen sus bienes y actividades piadosas y a la constitución de las devotas asociaciones.

Mientras las actividades e intereses de las Cofradías no creaban algún contraste o contradicción a la vida y jurisdicción eclesiásticas, los Cabildos dejaban a aquellas vivir y desarrollarse pacíficamente, sin preocuparse demasiado de su origen civil o eclesiástico. Mas cuando surgían conflictos entre ambos fueros venían, naturalmente los disgustos y el obligarles a legalizar su situación, haciendo que presentaran sus Ordenanzas o Reglas para su aprobación o, si procedía, para su modificación.

 

 

A principios del sigo XVII, nuevos aires soplaban en la sociedad bilbaína. Eran conocidas por los ilustrados locales las teorías reformistas difundidas por los seguidores de Erasmo, que habían calado en una parte importante de los devotos cristianos y que planteaban nuevas cuestiones en materia moral que no eran admitidas por la iglesia oficial. Las normas se relajaron y la vida de las cofradías se resintió con ello.

Las relaciones entre clérigos y cofrades laicos no pasaban por su mejor momento, lo que motivó que por medio del Licenciado Muñatones, en 1604, el obispado obligara a las cofradías de Bilbao a redactar nuevas ordenanzas de acuerdo con sus específicas instrucciones.

Un asunto económico vino a empeorar la situación al exigirse a las cofradías que “diesen las cuartas que la sinodal daba a los visitadores”, frase literal que si bien resulta hoy en día difícil de interpretar con exactitud, si deja claro un conflicto monetario entre dos partes.

 

Como consecuencia del problema, los dirigentes de las cofradías, y entre ellos los Mayordomos de la Vera Cruz, sacaron de sus sedes eclesiales sus libros de reglas, ornamentos y objetos de culto. Además, el problema se agravó con el grave escándalo organizado cuando por orden del Obispado de Calahorra, el Licenciado Polo giró una visita de inspección a la Cofradía en el año 1610 y descubrió que en la iglesia del hospital, en la noche de Jueves Santo, las mujeres se disciplinaban junto con los hombres, unas cubiertas con sus túnicas y otras descubiertas. El Licenciado puso punto final a la corruptela prohibiendo bajo pena de excomunión mayor que las mujeres pudieran entrar a la iglesia entre los hombres para la disciplina y procesión, pero hubo de admitir que si era de su interés, se disciplinaran en sus casas.

El Licenciado Polo comprobó que las cofradías no habían cumplido la exigencia de redacción de nuevas reglas  y que los mayordomos seglares habían abandonado las iglesias dejándolas desamparadas y sin útiles.

Ante ello, el vicario de Bilbao D. Iñigo de Villarreal, llamó a una Junta para proceder a la elección de nuevos mayordomos, pero el día 22 de febrero de 1611, después de Completas, no acudieron al claustro del Angel de Santiago, lugar de la reunión, mas que treinta cofrades eclesiásticos, sin que asistiera ningún seglar.

A pesar de ello, se nombraron Mayordomos de las cofradías de Bilbao entre los asistentes, imponiéndose a la Cofradía de la Vera Cruz al Licenciado Goiri, a Diego de Usategui, a Juan de Olabarría y al bachiller Antonio de Allende. Los nuevos mayordomos pidieron al vicario, y este accedió a ello, que se procediese a compulsar sus nombres en los libros de las cofradías y se notificase segunda convocatoria a los antiguos mayordomos seglares, sin duda para dotar de legitimidad a una elección que no veían demasiado clara. Verificada la notificación, tampoco compareció ninguno de los antiguos a ella.

En vista de eso y de las órdenes del diocesano, se volvió a notificar a los mayordomos últimos, ordenándoles que entregaran los objetos de culto a los mayordomos recién nombrados. Nuevamente desobedecieron contestando que “oían en mandamiento”.

Por impulso de D. Diego de Usategui, recién nombrado mayordomo de la Vera Cruz, y obligado por el fiscal de Su Ilustrísima, el Vicario, que andaba remiso a tomas medidas mas expeditivas contra sus feligreses, expidió el siguiente auto:

“El Doctor Villarreal, Vicario de esta Villa de Bilbao y sus anexas, por Su Señoría D. Pedro Manso, Obispo de este Obispado de Calahorra y la Calzada, del Consejo de Su Majestad y Alteza, a los curas y clérigosyu demás personas eclesiásticas  de las iglesias de esta Villa les hago saber, que de pedimento de Diego Abad de Usategui, clérigo presbítero beneficiario de la dha Villa, por sí, y en nombre de los demás mayordomos y cofrades eclesiásticos servidores de las iglesias de esta dicha Villa, y con comisión particular que tengo de Su Señoría del dho Señor Obispo, se ha procedido por mí por censuras contra los mayordomos legos, últimos servidores cuios nombre y cognombres son: Gonçalo de Lopategui, Rodrigo de Herquinigo, Jhoan de Pinedo, Antonio de Landaverde,  Jhoan de la Puente, Fancisco de Velasco, Bernabé de Luengas, Jhoan Pérez de Ocariz, Pedro de Bilbao la Vieja, Martín de Iraurqui, Juan de Zarralde, Francisco de Olacaran, Diego de Abendaño, Jacobe de Miliategui, Jhoan Ochoa de Basabe, Pedro de Menchaca, Domingo de Lallana, Sebastián de Torreche, Iñigo de Zamacona, Jhoan de Eguiluz, Francisco de Arana, Pedro de Bolíbar, mayordomos legos, contra los quales, se ha procedido a que den y entreguen todos los ornamentos, cálizes, y demás bienes que tienen tocantes a las dhas Cofradías como bienes a los mayordomos clérigos, y aunque por muchos autos y mandamientos han sido amonestados, y so pena de excomunión lo cumpliessen o diessen causas y rraçón porque assí no lo debiessen cumplir dentro del término que se les ha dado, no han parecido, de que por el dicho Diego de Usategui se les ha acusado la rrebeldía  y me pidio los declarase e promulgase a los suso y a cada uno de ellos por públicos excomulgados: -- E visto por mí su rrebeldía los declaro por públicos excomulgados”.

 

Está fechado el día 12 de marzo de 1611 y notificado a los mayordomos de la Vera Cruz Juan de Zarralde y Juan de Iraurqui el día 14 del mismo mes.

Pocos días después, ante la inminente amenaza, todos claudicaron y entregaron los bienes y efectos, aunque aún se resistieron por un tiempo los mayordomos de la Misericordia y los de los Santos Crispín y Crispiniano, que alegaban ser seglares y no estar sometidos a juez eclesiástico.

  

De nuevo otro de los continuos pleitos entre la cofradía y la autoridad eclesiástica originó mas problemas, que si bien en su momento debieron ser muy enojosos para los implicados, gracias a ellos hoy conservamos documentación histórica que nos permite conocer detalles de los acontecimientos mas notables.

En un legajo conservado en el Archivo Histórico Nacional, se localiza un documento referido a la Cofradía de la Santa Vera Cruz, un informe de 1771 del Corregidor de Bilbao sobre los cofrades del Señorío de Vizcaya. En este documento se dice que dicha Cofradía se mantuvo desde su fundación, sin interrupción alguna, a expensas de las limosnas de los cofrades y vecinos devotos dirigidos por los Mayordomos que anualmente se nombraban para este fin, de entre las personas mas distinguidas del pueblo, hasta 1723, en que haciendo visita el Ilmo. Obispo de Calahorra y su Visitador General, mandó que le presentaran los estatutos y las reglas de la referida Cofradía o que en su defecto se forme en otros y se llevasen a su aprobación en el término de seis meses y que no haciéndolo prohibiría el título de cofradía, tener juntas, hacer funciones y recibir limosnas para ella. Hablaba también el documento de que existían dos clases de cofrades o hermanos por un lado hombres y mujeres, son 400, que en su ingreso o incorporación contribuyen con la limosna de 16 reales de vellón, los cuales sirven para el estipendio de una misa cantada, que por cada uno de sus hermanos, una vez que mueren, mande decir la Cofradía; por otro lado, los que no contribuyen con los 16 reales, pero tienen el cuidado y devoción de llevar en sus hombros los pasos de la pasión de Semana Santa y recogen las limosnas de entreaño, y su número, que se compone de todos los gremios, asciende a 200 hombres…

 

Bilbao en el siglo XVIII.- A la derecha se observa la iglesia de los Stos. Juanes, edificios del hospital y la Encarnacion

 

A raíz de este documento, se publicaron unas ordenanzas en 1732, de las que se guarda copia en el Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya, porque las anteriores “se han trasmanado y no se han podido encontrar” y para “mayor aseguramiento de su personalidad jurídica eclesiástica” además de solicitar la aprobación de los Capítulos o Reglas, interesaban a su Ilustrísima que “se sirva aprobar y confirmar la fundación de dicha Cofradía”.

Se presentan los nuevos estatutos diciendo “que (la Cofradía) de tiempo inmemorial erigida con el título de La Santa Vera Cruz en la parroquia de los Santos Juanes, la cual estuvo aprobada y confirmada por este Tribunal y por la Santa Silla Apostólica”.

 La Curia Diocesana aprueba las reglas, sin pronunciarse sobre la confirmación de la fundación, dándola por supuesta.

 En 1734 se redactaron nuevos estatutos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, que con las mínimas adecuaciones de los tiempos, continúan vigentes en la actualidad.

  

En el siglo XVIII la iglesia de Ibeni fue declarada en ruina, pasando los cultos al colegio de Jesuitas situado en la calle de La Cruz en 1767. Estos habían sido expulsados y dejaron tanto la iglesia como el claustro libres, siendo ocupados por la comunidad parroquial de San Juan y por la Cofradía por cesión del Ayuntamiento de Bilbao.

 

Bilbao en el siglo XIX, cuando se había construido el Hospital Civil en el antiguo solar del de la Vera Cruz

 

La Cofradía de la Vera Cruz en 1553 fue la que emprendió este largo camino de ya 450 años hasta llegar a nuestros días. Desde el final de la guerra civil, fueron naciendo nuevas cofradías penitenciales en Bilbao que siguieron la andadura de la Vera Cruz, decana de todas ellas.

  La Santa Vera Cruz de Bilbao ha reunido a lo largo de sus años de existencia importantes imágenes religiosas obra de los principales artistas imagineros de todas las épocas. Su patrimonio artístico cultural compuesto por catorce pasos, imágenes, joyas y complementos, se configura como uno de los tesoros imagineros mas importantes de España. Las imágenes mas emblemáticas de la Cofradía son “El Santísimo Cristo de la Vera Cruz” de Juan de Mesa (1615) mas conocido como el “Cristo de la Villa” y “Nuestra Sra. de la Soledad” de Raimundo Capuz (1693),a las que se rinde culto en la Parroquia de los Santos Juanes.

 

Completan su patrimonio artístico, que se expone al público en el Museo de Pasos de la Semana Santa Bilbaína situado en la calle Iturribide, la antigua Alhóndiga conocida por “La Burrería”, otros doce pasos todos ellos de gran valor v.gr.

 

            “La Última Cena” de Juan Guraya (1943)

            “La Oración en el Huerto” de Quintín de Torre (1924)

            “Los Azotes” de Ricardo Iñurria (1947)

            “El Prendimiento” de Raimundo Capuz (1700)

            “La Coronación de Espinas” de Manuel Romero (1745)

            “La Cruz a Cuestas” de Raimundo Capuz (1700)

            “Las Tres Cruces” de Quintín de Torre (1946)

            “”El Descendimiento” de Quintín de Torre (1926)

            “El Cristo Yacente” de Higinio Basterra (1944)

            “Lignum Crucis” de Granda (1950)

            “San Juan” de José Larrea (1944)

            “Cristo de la Urna” anónimo del siglo XVI

 

La Vera Cruz ostenta la presidencia vitalicia de la Hermandad de Cofradías Penitenciales de Bilbao. Organiza las tres procesiones Generales y un Vía Crucis (Miércoles, Jueves y Viernes Santo) y tiene unos 1.000 cofrades inscritos en sus archivos.

Su insignia consiste en un escudo de forma ovalada en cuyo centro campea la Santa Cruz de cuyos brazos pende la Sábana Santa, la cual Cruz alumbra con sus rayos la esfera terrestre en uno de cuyos polos se asienta y con una doble inscripción que la circunda sirviéndole de marco, la primera de las cuales “O CRUZ, AVE SPES UNICA” (SALVE CRUZ, TU ERES LA ÚNICA ESPERANZA) ocupa la parte superior, y la segunda “COFRADÍA DE LA SANTA VERA CRUZ”, la parte inferior, dividida por el escudo de Bilbao. A ambos lados de la Cruz lleva las iniciales “SS.JJ.” repartidas.

El hábito de esta Cofradía se reduce a una túnica de mangas amplias, negra, que llega hasta los tobillos, ceñida a la cintura por un grueso cordón blanco y una caperuza en terciopelo negro, de punta muy prolongada que cae sobre el pecho y la espalda, cubriendo todo el rostro, con los orificios precisos para ver, y sobre cuya punta anterior y a la altura del pecho figura el escudo de la Cofradía.

Con mayor rigor y tratamiento científico de la historia, puede estudiarse al detalle la vida de la Cofradía en "La Cofradía de la Santa  y Devota  Vera Cruz de Bilbao.- 450 años de huella profunda en la Villa", obra de Mª José Lanzagorta, y que puede adquiriese al precio de 20 € mas gastos de envío poniéndose en contacto con la secretaría de la hermandad.

secretario@veracruzbilbao.org

Texto integro de la Ponencia presentada por Mª Jose Lanzagorta en el III Congreso Internacional de la Vera Cruz.- Bilbao 2004

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