La señal del cristiano

La utilización de la Cruz como signo del Cristianismo data del año 312 después de Jesucristo, cuando Constantino, a las puertas de Roma y en vísperas de enfrentarse al poderoso ejército mandado por Marco Aurelio Majencio, viendo muy pocas posibilidades de vencer, invocó al Dios de los cristianos. Entonces vio sobre el cielo una Cruz resplandeciente con la leyenda “In hoc signo vinces” (con este signo vencerás). Al día siguiente consiguió una gran victoria en la batalla sobre el río Milvio. Constantino, agradecido, mandó poner la Cruz sobre sus enseñas, promulgando en el año 313 el famoso Edicto de Milan mediante el cual no solo cesan las persecuciones contra los cristianos, sino que se les concede libertad de culto y se les restituyen los bienes que durante las persecuciones se les habían confiscado. Desde este momento, la Cruz que hasta entonces era instrumento de suplicio para los perseguidos cristianos, se convierte en la causa de su libertad.

Años mas tarde, Santa Elena, madre del Emperador Constantino, marcha a Jerusalén con el deseo de encontrar la verdadera Cruz donde fue crucificado Jesucristo. Excavando en el Monte Calvario se encontraron el día 3 de Mayo del año 325 tres cruces. Para saber si alguna de ellas era la verdadera Cruz, consulta a San Macario y por indicación de este pone en contacto cada cruz con una mujer que estaba agonizando, sanando completamente de su enfermedad al contacto con una de ellas. Seguidamente se repite la prueba y tienden tres cadáveres sobre cada una de las cruces y el que estaba tendido sobre la Cruz que antes había sanado a aquella mujer, resucita al momento. No cabía duda de que aquella era la Verdadera Cruz.

 Según algunos autores la Cruz medía 15 pies de alta y 8 de ancha. Tan preciada reliquia fue dividida en dos trozos; uno se quedó en Jerusalén en el templo que se edificó en aquel lugar y otro se repartió entre Constantinopla y Roma. De estos trozos de la Cruz de Cristo se sacaron infinidad de astillas que en sus respectivos relicarios, se extendieron por todo el mundo. Esta reliquia con las astillas de la Verdadera Cruz es lo que se conoce como Lignum Crucis. Los cientos de relicarios con el Lignum Crucis repartidos por el mundo fueron objeto de profunda devoción y culto. Santo Toribio, Obispo de Astorga (León) trajo desde Jerusalén un trozo de la Cruz a España. Con motivo de la invasión árabe la reliquia fue trasladada a Liébana (Santander) donde se encuentra hoy en día. Durante el siglo XV se aprecia una considerable extensión de la devoción a la Vera Cruz (Cruz Verdadera) de la que se intenta por todos los medios poseer un fragmento original para darle culto, como la mas apreciable de las reliquias.

La Vera Cruz de Bilbao, es feliz poseedora de una de estas santas reliquias. Las primeras noticias que se tienen de ella se remontan a los años de la fundación de la Hermandad. Desde entonces se encuentra custodiada en un relicario de plata dorada y lapislázuli que se guarda en la sede de los Santos Juanes. El relicario que participa en los actos públicos y procesiones, de plata repujada con esmaltes de escenas de la Pasión, fue construido en los acreditados talleres Granda, regalo de las Cofradías Penitenciales de Bilbao con motivo del cuarto centenario de la fundación de la Vera Cruz de Bilbao en 1954.

En aquella ocasión, se formo una comisión entre las Cofradías de Bilbao que estaba representada por los siguientes Señores: Presidente, el Excmo. Don Enrique de Landecho y Quadra de Salcedo, Marques del Monte Rico, Abad entonces de la Cofradía de Nuestra Señora de la Merced; Vicepresidente, Don Sebastián Sotomayor Gippini, Abad de la Cofradía de la Madre de Dios y Escuelas Pias y como Secretario Don Ramón Boado, Abad de la Hermandad Penitencial de Nuestra Señora de Begoña.

La cantidad a la que ascendió el costo de esta exquisita joya fue de 65.000 pesetas. También se encargo, para portar en los desfiles procesionales, unas andas al taller de carpintería de Francisco Santos, por cuya confección se abono un importe de 1.415 pesetas.

 

 

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